Cuentan de un sabio que un día…

Vivimos tiempos difíciles y cambiantes. La prima de riesgo camina desbocada aunque la mayoría no sepamos lo que mide, el paro crece dramáticamente y la economía decrece. Los políticos que deberían dirigirnos en estos difíciles momentos están enzarzados en batallas retóricas, combates dialécticos que no mejoran nuestra situación. Buscando culpas en lugar de ponerse juntos a trabajar para salir de esta.

Esto es así. Y por mucho que lo repitamos, seguirá siendo así. Las desgracias ajenas —piensa uno desde su ignorancia de la contienda política— no deben ser la piedra que se lancen a la cabeza nuestros dirigentes, y especialmente, sus mariachis. Es mucho más: son vidas, familias, hijos, colegio, facturas, comida, casas, etcétera.

¿Y qué podemos hacer nosotros, pobres ciudadanos?

Abandonar la autocompasión; dejar de lamernos las heridas. Dicho así, tan fríamente, puede parecer una utopía propia de alguna secta, o sonar a maniobra para evadirnos de la realidad: enterrar la cabeza como un avestruz. Nada más alejado de la idea.

Todos tenemos problemas, seguramente muy graves, pero la autocompasión no los va a solucionar. Muy al contrario, ese estado nos va a arrastrar a la rendición absoluta, a dejarnos llevar por la corriente, a no luchar por nuestra vida. Casi todos hemos pasado por esa situación debido a infinidad de circunstancias y motivos. Hay que reconocer que se está cómodo, una vez que se da todo por perdido, que uno se rinde, que acepta su final, la tranquilidad nos embarga, incluso respiramos aliviados.

Hay que hacer oídos sordos a ese canto de sirena que nos mantiene en el pozo. Hay que levantarse y luchar, por uno mismo. La única forma de ayudar a los nuestros es estando nosotros bien. Fracasaremos, una y mil veces, pero nuestra conciencia estará tranquila y nuestra dignidad no caerá en picado como la economía.

Hay salida, a pesar de lo que nos hacen creer. Esta no es la primera crisis, ni desgraciadamente la última. Hay que abandonar los negros presagios, salir del círculo vicioso de la negatividad, nadar contra corriente. Recuperar los antiguos vínculos humanos que han sido los que nos han sacado de todas. Y, sobre todo, tomar una actitud positiva. Las nubes se ven menos negras con esperanza.

Si ya estamos mal, ¿para qué queremos ponernos peor? Si otros se encargan de transmitirnos oscuridad y rechinar de dientes ¿vamos nosotros a ayudarles perdiendo la esperanza?

Tomemos una actitud positiva, contemplemos la posibilidad de salir de esta ¿Qué estamos mal? Solo volvamos la vista atrás, como el sabio de “La Vida es Sueño” y comprobaremos que vivir mal no es tuitear desde un Ipad, hay cosas peores.

Francisco Navarro – @gasolinero

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Categorías: #unaactitudpositiva

2 comentarios

  • loly dice:

    Dicho y realizado en tiempo recor, felicidades me encanta ver como es posible con una actitud positiva realizar cualquier proyecto. Me quito el sombreo y aplaudo a los creadores de este movimiento que es como una onda cada vez mas grande.

  • irufino dice:

    comparto tu idea y actitud positiva, yo siempre he pensado que la energia positiva o negativa, es el resultado de la actitud que mostramos ante las circunstancias de la vida

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